Humphrey Bogart Bogart está inmortalizado en Casablanca, tanto tomando su whisky, sólo en su bar cuando todos ya se fueron, o feliz en su amor parisino junto a Ilsa y una botella de champagne. Pero Bogart tiene una historia con las bebidas que exceden esa película y una anécdota sirve para resumirlo. El reconocimiento tardó en llegarle a Humphrey, quien estuvo años haciendo películas menores sin llamar la atención del público, cuentan que en los años anteriores al Halcón Maltés, la primera película por la que ganó reconocimiento iba seguido a un bar, y falto de plata pedía que le anoten sus gastos. La cuenta se iba abultando y Bogart no lograba un papel que le diera fama y dinero hasta que una mañana fue a un casting luego de una noche intensa de copas. Desaliñado, con resaca y hastiado de ser rechazado. Su imagen transmitió exactamente lo que buscaban para la película: un hombre cansado, sombrío y cínico. Fue el fin de su deuda y el principio de sus años de fama, todo alrededor de un bar y de las noches de copas con amigos.
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Mickey Rourke A veces Rourke parece más boxeador que actor, su otra vocación y quizás el principal amor de un hombre que anda dando y recibiendo golpes en la vida. El Luchador (The Wrestler) le devolvió el reconocimiento que su carrera había ido perdiendo y sirve para mirar en retrospectiva una trayectoria con hitos brillantes. Si hay que elegir una película de Mickey hay que ir hasta 1983 y La ley de la calle (Rumble Fish), la película dirigida por Francis Ford Coppola, sin perderse en el camino una revisión de 9 semanas y media y su duelo sensual con Kim Bassinger. Pero el vínculo con las bebidas tiene su encuentro máximo en Barfly, la película en que interpreta a Bukowsky, con quien entabló una amistad que también derivó en el libro que Charles tituló Hollywood. Para ver un momento extraño en la carrera del actor hay que asomarse a este comercial de whisky que filmó en Japón en sus años oscuros, cuando su carrera comenzaba a hundirse en el olvido. Se lo ve elegante y cansado, con un gesto triste y cara de “vine a hacer esto solo por un poco de plata”. Y lo hace todo sin perder su encanto algo perturbador.
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Jeff Bridges Bridges es uno de los mayores actores actuales, alguien que llena la pantalla con su presencia, un hombre con estampa de héroe clásico. Pero además de ser imponente en cualquier de sus interpretaciones, logra en cada una de ellas una maravillosa sensibilidad, tanto como el músico de Loco corazón (Crazy heart, 2009) que anda tocando y bebiendo por el sur norteamericano como el empresario que lleva a correr su caballo preferido en Alma de héroes en la tierra del Mint Julep (Sea Biscuit, 2003) o como el inolvidable Dude que anda cada noche con un White Russian en El gran Lebowsky (The great Lebowsky). Bridges es hijo de Lloyd Bridges, otro gran actor norteamericano y en Los fabulosos Baker Boys (The fabulous Baker Boys, 1989) actúa con su hermano y la más hermosa Michelle Pfeiffer. Esta escena es perfecta para fantasear con ese bar, ese piano, esa música, tu cóctel preferido y un momento para vos solo.
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Dean Martin Nacido como Dino Paul Crocetti, se hizo llamar simplemente Dean Martin y creó un mito en vida. Cuando boxeó se hizo llamar Kid Crocetti y cuando anduvo cantando por bares under, simplemente Dino Martini, un homenaje a uno de sus cócteles preferidos. Entre 1949 y 1956 formó una dupla inolvidable con Jerry Lewis con el que filmó 18 películas, pero su aura mítica de bebedor festivo y elegante la consolidó en los años posteriores, cuando con Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y otros miembros itinerantes formó el recordado Rat Pack. En 1960 filmaron Once a la medianoche (Ocean´s eleven), la película reversionada en el 2001 por George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Julia Roberts y compañía. Antes de llevar su carrera hacia la TV, los shows cómicos unipersonales y los espectáculos en casinos y teatros Dean filmó uno de los mejores western de la historia: Rio Bravo (1959). Dirigido por Howard Hawks interpretó a un sheriff que busca dejar la bebida para recuperar el respeto perdido en su pueblo. En este video canta una canción perfecta para acompañar con un Dry Martini y brindar por el gran Dean.
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Sean Connery Para algunos fue el mejor James Bond, pero más allá de discusiones seguramente es uno de los que mejor unió el aura sexy y ruda que son parte de la identidad de los agentes que trabajan para la corona. Como buen escocés es un amante del whisky aunque como tantas otras estrellas viajó a Japón a promocionar al whisky del gigante nipón Suntory. En el comercial que realizó parecen tomarse a risa varios estereotipos tradicionales del mundo del whisky: un ambiente cálido, un sillón, cierto clima reflexivo y ¡hasta un perro! La cara de Sean parece decir “no está tan mal por ser japonés”. Vale decir que la calidad y el prestigio de esta marca de whisky del país del sol naciente es ampliamente reconocida en todo el mundo. También hay que coincidir que en la piel de Bond fue el primero en aparecer preparando su Martini batido y con vodka Smirnoff en Dr. No (1962), una traición a la receta original de la saga y de los Martinis con Gin que sin embargo él lograba salvar con un encanto, gracia y elegancia únicas.
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James Gandolfini Las películas que muestran a la mafia, en Italia o en Estados Unidos siempre le dan importancia a las bebidas alcohólicas. Porque en muchos casos son parte de su negocio y porque siempre son parte de su vida. En Buenos Muchachos se los ve contrabandear Cutty Sark, en Los intocables pasar whisky desde Canadá, en Una eva y dos adanes tomar la espirituosa nacida en Irlanda y Escocia en tazas de té en un speakeasy y en El Padrino marcan a fuego al personaje traidor haciéndolo beber un daiquiri de banana. El caso de Los Soprano es distinto, por la ubicación temporal y geográfica (contemporáneo y en New Jersey) y porque las bebidas son parte del día a día, sea en la casa de Tony o en el Bada Bing, el gogo bar que sirve como pantalla para los negocios del personaje interpretado por James Gandolfini. Más allá de las botellas siempre presentes, de los miles de whiskies que Tony bebe allí hay una pequeña gran escena en que le pega brutalmente al bartender luego de soltar su vaso de whisky. En pocos segundos se ve la fuerza animal que lograba tensar en toda la serie al inolvidable Tony.
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Alberto Olmedo Los que lo conocieron dicen que era un amante incondicional del champaña, aunque también que amaba las sobremesas entre amigos, las noches largas y las charlas interminables. Uno se lo puede imaginar saliendo del teatro sobre Corrientes y yendo a cenar a Edelweiss, o de bar en bar en la Mar del Plata estival y también en algún bar de Pichincha, el barrio rosarino de su infancia. Pero a un actor quizás es mejor recordarlo por sus personajes y uno de los mejores en la carrera de Alberto Olmedo fue Borges (ya de por sí que se llamara igual que Jorge Luis es un gran chiste) quien se encontraba en la sala de espera de la redacción de un diario con Álvarez (genial interpretación de Javier Portales) y hablaban de bueyes perdidos en sesiones de improvisación desopilantes. En este sketch Borges cuenta cómo fue que celebró el fin de año, dando el detalle de todo lo que bebieron con sus amigos y las verdaderas razones que lo llevaron preso. Clericó, gin, Cognac, vino tinto, sidra, vermú, cerveza de barril con ginebra y el mejor Alberto Olmedo.
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